"Abertzaleak, aurrera!"
es un importante artículo de la periodista Amparo Lasheras publicado en GARA el 24 de enero de 2003 que explica la raiz y el propósito de la iniciativa GERNIKA DEIALDIA. Recomendamos navegar, después de leerlo, al relato y análisis de la manifestación del 14/09/2002 que Amparo cita en su artículo y recuerda como precedente y fundante del talante de la iniciativa.
Iritzia > Gaurkoa
Amparo Lasheras -
Periodista
«Abertzaleak, aurrera!»
Ser de un pueblo que uno o una quiere ser/ es hoy un derecho conculcado:/ tenemos que ser por decreto/ de este País Vasco/ preso/ dividido/ oprimido./ No podemos pertenecer a nuestro futuro... Cuando me hablaron por primera vez de Gernika Deialdia me pregunté a mí misma cómo podríamos transmitir unas ideas tan ligadas a esos sentimientos que sólo caben en algún rincón perdido de nuestro interior y que tienen mucho que ver con la realidad que una ha elegido para vivir. Hablar de principios me suele resultar demasiado aparente, demasiado ampuloso. Todo principio lleva consigo un compromiso y pienso que, en cualquier vida, las contradicciones van y vienen sin que apenas nos demos cuenta de ello. Sin embargo, hay momentos en los que es preciso ordenar las reflexiones, aclarar el camino y dejar que los sentimientos y las ideas encuentren su verdadero lugar. Sentir lo que uno quiere ser no es malo, ni siquiera extraño, por eso quizás lo mejor es decirlo y sobre todo admitirlo, ése es el reto que marca el compromiso con la realidad en la que queremos vivir.
Desde un principio pensé que Gernika Deialdia buscaba ese espacio: un encuentro con lo que somos, con lo que vivimos y con lo que queremos ser. Un ejercicio natural de libertad y, sin embargo, en estos momentos, en Euskal Herria, un ejercicio prohibido, censurado y reprimido. No lo dudé y me comprometí con lo que todavía era sólo una idea que, sobre todo, hablaba de futuro.
Acostumbrados a un lenguaje tan teórico, tan rígido a la hora de exponer las ideas o de debatir la situación de conflicto que vive Euskal Herria, me resultaba difícil explicar por qué unas decisiones judiciales y políticas contra las libertades y derechos de este país, además de violentar mi opinión política sobre lo que deben de ser los fundamentos de una verdadera democracia, me dolían tanto en ese otro status, menos lógico quizás, como es ese incorregible sentimiento que nos ayuda y nos enseña a amar o desear la libertad y el derecho a ser lo que se quiere ser. En el texto del llamamiento, ese obstáculo, provocado en parte por las barreras de un lenguaje demasiado rígido, quedaba superado. La poesía, un registro literario muy poco ortodoxo en el discurso político, da un ritmo diferente a las palabras pero no cambia su sentido, al contrario, lo refuerza. Eso es algo que aprendí de Telesforo de Monzón, «la poesía coge palabras del corazón y ése nunca miente». Es verdad. Y es, precisamente, sobre esa libertad y por ese deseo de libertad, hoy tan amenazado, por lo que surgió Gernika Deialdia.
La nuestra es una llamada/ hacia un País Vasco/ en marcha/ unido/ liberado...
Los momentos que vivimos puede que sean duros, pero no tienen por qué ser irremediables y mucho menos definitivos. Nos quieren arrebatar la esencia misma de la libertad y la democracia: los derechos. Y eso es algo que no debemos permitir, porque, si lo hacemos, Euskal Herria dejará de existir, no sólo en el terreno político, sino también como pueblo. Los pueblos no se destruyen porque otros decreten o se inventen leyes especiales para supeditarlos, encarcelarlos, para silenciarlos, para robarles el presente y el futuro. Se destruyen cuando aceptan esas leyes, cuando las admiten y, lo que es peor, cuando intentan adecuarse a ellas. Si en 1937 las bombas fascistas sobre Gernika no lograron sus objetivos y, en cuarenta años, el franquismo no consiguió destruir las aspiraciones de Euskal Herria, tampoco lo van a lograr ahora.
Es cierto que el tiempo que vivimos es diferente, la historia ha avanzado y el mundo se ha estructurado de otra manera más despiadada. Los lenguajes y las formas son distintos, pero coinciden en la esencia con el pasado. El nuevo fascismo ha cambiado su imagen demasiado grisácea y se ha vuelto moderno y desenfadado, a veces incluso transgresor de su propia moral. Ha invertido los términos de la democracia a su favor y se erige como protector de libertades y derechos. Pero sigue siendo el mismo. Debajo de todo ese look, subsisten las mismas ideas, un talante que a veces se escurre en sus discursos, como un aviso a navegantes, adelantando quizás objetivos todavía ocultos. Y, si no, ahí están las últimas declaraciones del presidente del Tribunal Constitucional Jiménez de Parga, de Fraga en el congreso del PP, del propio Aznar el martes en Gasteiz.
Aznar, en lugar de bombas, utiliza las leyes, las cambia cuando le conviene, las pone al servicio de sus intereses y las aplica en nombre de la seguridad. El resultado final de esa estrategia es que las libertades y los derechos desaparecen y, cuando eso ocurre, la maquinaria de la opresión comienza a funcionar por sí sola.
Euskal Herria es un deseo que asciende/ Euskal Herria/ Supera/ La indigna realidad de hoy/ Euskal Herria/ Supera/ La ley impuesta desde fuera/ Euskal Herria/ Se supera/ También a sí misma:/ Este deseo de progreso/ Unidad/ Libertad/ Hace presente su futuro.
Pero la cara de ese nuevo fascismo no debe asustarnos. Debemos seguir adelante, siempre lo hemos hecho. Como abertzales y gentes de izquierda, libres y solidarios, tenemos un camino, un proyecto y unos objetivos para Euskal Herria. Debemos luchar y trabajar por ellos. El 14 de setiembre, en Bilbo, demostramos a Madrid que no nos vamos a quedar en la cuneta ni vamos a retroceder en nuestras reivindicaciones. Y al PNV le dejamos bien claro que existe otra Euskal Herria, la que ellos han olvidado, una Euskal Herria que no quiere ni está dispuesta a aceptar ni adecuarse a unas leyes que sólo buscan oprimir y dividir; una Euskal Herria que, ante todo, quiere vivir siendo lo que quiere ser. Si aquella tarde fuimos capaces de decir no y realizar un acto de desobediencia civil colectiva, significa que existimos y que además nuestra existencia está llena de fuerza y de esperanza.
Cuando el domingo Gernika Deialdia, en un acto simbólico, plantó en cada herrialde el roble que el 9 de noviembre entregaron los supervivientes del bombardeo de Gernika a los representantes de Gernika Deialdia, fue como abrir una puerta para iniciar el camino de un compromiso serio y firme con la libertad, los derechos y la autodeterminación de Euskal Herria, algo que también quedará patente mañana en el Anaitasuna de Iruñea. En estos días, no sé exactamente por qué, he recordado con frecuencia las muchas veces que escuché a Telesforo de Monzón en aquellas intervenciones donde siempre había un espacio para las utopías y, a pesar de las circunstancias, todo era posible. Por eso, creo que si estuviera aquí, ahora más que nunca, levantaría los brazos y diría: «¡Abertzaleak, aurrera!» -